lunes, 21 de febrero de 2011

ENSEÑANZAS EN EL BUS 72

Gracias a mi lesión en el tendón, he tenido la oportunidad de utilizar el Bus n 72 de Barcelona, el servicio del cuál, por cierto, es bastante bueno (por lo menos a las horas que lo utilizo yo). No voy a hablar de la calidad del servicio de dicha línea, sino de una situación de la cual fui testigo hace unas semanas.

Normalmente a las 8.30 de mañana en la parada del 72 en la esquina de la calle Constitución con Badal, se forman unas colas de personas de unos 20 metros de larga. Como curiosidad debo decir, que justo al lado de la cola hay una repartidora del Diario Que!, y prácticamente todo el mundo de la cola lo lleva en la mano, ayudando a que la espera sea mucho más corta.

La frecuencia de paso a esas horas suele ser de unos 7 minutos, por lo que es bastante habitual que mientras un bus, (todos son articulados y de gran capacidad) va llenándose de gente de la cola, venga otro autobús detrás. Para organizar todo eso suele haber un empleado de la compañía de autobuses en la propia parada dirigiendo la ida y venida de los convoyes, mientras que la cola se organiza sola ya que normalmente la gente que espera ese autobús es bastante cívica y se guarda una fila ordenada.

Con ese escenario, me tocó un día hacer la típica cola de 20 metros. La gente de delante de mí fue entrando en el autobús, y justo dos personas antes de mí, el empleado nos dijo amablemente que nos esperásemos, pues el autobús ya estaba muy lleno (de hecho si hubiésemos entrado a duras penas hubiera podido cerrar la puerta del bus) y que en el semáforo, ya estaba otro autobús vacio para dar servicio al resto de la cola. Dio la orden al autobús para que saliese y así pudiese entrar en su lugar, el que venía vacio.

Pues de repente apareció una señora con un niño de unos 8 años, insultando al empleado por haber parado la cola y con la intención de colarse por delante nuestro, intentando meter al niño (que no cabia) en el autobús. El empleado, le indicó que por la seguridad del niño y la suya propia esperasen al vacio. La señora tras volverlo a insultar (¡¡al paro te enviaba a ti y todos los de autobuses!!, llegó a decirle) y también al Ayuntamiento, le dijo que llegaba tarde al colegio del niño y que no podía esperar más. El empleado siguió haciendo indicaciones al nuevo autobús, mientras la gente de la cola estaba flipando con la escena y algunos nos encaramos con la señora, ya que si hubiera metido al niño en el primer autobús seguramente se hubiera caído, pues no había donde agarrarse.

Finalmente, tras otra ráfaga de insultos al empleado entramos en el autobús, donde acabamos todos sentados y montados en menos de 4 minutos. Entonces fue cuando la señora se puso unos auriculares y se puso a escuchar música como si nada, mientras el niño de 8 años, al cual su madre no le hacia caso obviamente por la música, se puso repetir toda la sarta de insultos que su madre unos minutos antes había repetido . Así hasta la Diagonal. Cuando llegó su parada , la mujer se quitó los cascos y se bajó con su hijo camino del colegio, al cual estábamos aguantando los demás que no llegábamos auriculares. Ni que decir tiene que la mujer ni se disculpó con el empleado ni con las personas que estaban guardando fila delante de ella.

Mi pregunta es ¿qué fue lo que aprendió el niño durante ese día, contando colegio y traslado? ¿ir en un autobús no debería ser parte del aprendizaje como lo es la propia escuela?

3 comentarios:

Raúl Alonso dijo...

hola socio; los niños son el de sus padres descubro nuevos defectos en mi (q desconocia) al verlos en mis niños y algunos me aveguenzan tanto q no los pienso reproducir aqui....

Oscar Salobreña Rico dijo...

Hay niños que deberían enseñar a sus padres y padres que simplemente no deberian serlo.

Anónimo dijo...

Ostias, el 72! Era mi medio de transporte cuando iba al cole-pijo de BUP y COU! Qué recuerdos, cuantas veces me colé por detrás (por delante el conductor no abría porque no cabía ni un alfiler), o manipulé la tarjeta (era de las que se iba troquelando a medida que la usabas), cuantas veces salté en marcha (no había medidas de seguridad ni nada de eso), etc, etc. Juas, supongo que si yo tuviera hijos pocas cosas peores les podría hacer que enseñarles con mi ejemplo!
Eso sí, ahora me he reformado (creo) y ya no hago nada de eso. Pero ese chaval mal educado por su madre se comportará igual de mal cuando crezca un poco y vaya solo en el bus que si la madre fuera una santa del civismo. Aunque claro, estaría bien que la madre (por lo menos) se comportara ahora que le toca por edad.

Fran