domingo, 17 de octubre de 2010

Terror en el ambulatorio

La historia que voy a contar podía ser perfectamente el guión de una película de "miedo", de esas que compiten en el Festival de Sitges. Ocurrió en el ambulatorio (ahora le llaman CAP, Centre d'Atenció Primaria) de al lado de casa.

Érase una mañana cualquiera, y el chico guapo de la pelí (o sea yo) fue a vacunarse de la gripe como hace cada año. Al ser un chico tan dulce, es decir, un diabético de mierda, debo vacunarme como grupo de riesgo para evitar que una simple gripe me ponga a parir. La vacuna no la cura, ni asegura que no la contraigas, pero ayuda a que los efectos no sean tan fuertes.
Como hago cada año, pido hora, cita previa, una semana antes, y desde el CAP me dan para las 12.33 horas de un viernes. Llega ese viernes, y salgo de casa a las 12:29, llegando al CAP, a las 12:30.

Allí me encuentro unos 40 abuelos de edades aproximadas entre los 70 y los 100 años que al llegar me miran muy mal. Eran abuelos que tenían las conversaciones típicas de ambulatorio, que si todos los políticos roban; que si la Pantoja era una guarra y Paquirri ¡¡un santo que lo engatusaron!!; que si Belen Esteban es algo maleducada, pero dice las cosas como hay que decir... De hecho, por el volumen de las conversaciones y los argumentos o los derroteros que tomaba el debate, creí que aquello no era un CAP, si no más bien, una Convención del Partido de Belen Esteban (¿sabeis que le dan una intención voto del 7%, situandola como tercera fuerza en unas hipoteticas elecciones?) , y que todos aquellos abuelos eran los delegados haciendo el programa electoral para las próximas elecciones Generales.

A las 12:33 sale un pobre hombre, el enfermero, de dentro del despacho donde nos inyectan las vacunas y dice dos nombres. El de una señora y el mío, junto a una frase que marcaria el curso de los acontecimientos: ¡¡Son los siguientes!!

En ese momento los abuelos al unísono (salvo la señora que citaron delante mío), cual jauria salvaje, se enfrentan al enfermero. ¡¡¡¡¡Llevamos aquí desde hace una hora!!!!.

El enfermero extrañado dice: ¿a qué hora tiene cita ustedes?

Se escucha más o menos, un rosario de horas que si a la una , que si a la una y cuarto, que si a la una y cinco.... Muchas, pero ninguna anterior a las 12.33. Así que el enfermero sin ser consciente de lo que va a decir dice: ¡¡¡Pero si todavia NO es su hora!!! ¡¡No les toca hasta de aquí un rato!!

Con esa provocación sólo logra que los abuelos lo pongan a parir , y se escuchen todo tipo de argumentos del tipo, aunque sobre todo el repetido ¡¡¡Pues llevamos una hora esperando!!. Ellos saben que aunque sea un argumento repetido es demoledor, y cuanto más repetido más demoledor. Ante la postura inflexible del enfermero los abuelos agudizan el ingenio, y salen otros argumentos...¡¡en el CAP de Lope Vega (es el otro cap del barrio) no va con hora, va por cola!!! ¡¡Tengo que ir a buscar al nieto!! y el argumento de los argumentos (me quedé petrificado cuando lo escuché)... ¡¡es que en el bar me aburria y además luego ya iré toda tarde !!

El enfermero y la primera señora entran al despacho. Apoyado en la pared esperando para entrar, m e dejan allí solo, contra todos aquellos Holligans geriatricos ávidos de sangre. Durante 30 segundos hay silencio. Es la calma que precede a cualquier tempestad. Hasta que una abuela que no tiene nada mejor que hacer dice ¿y porque tiene que entrar ése si acaba de llegar?.

Bueno, bueno, bueno. Me pusieron a parir. Entre una de las muchas lindezas que me soltaron, estaba si yo era "amante de la que pincha" (¿no era un hombre?¿de dónde sale el "la"?), "que si el año que viene como iban a cobrar un euro por pincharse que ya no vendrían porque se iban a morir antes", "vaya tonteria lo de pillar hora", "lo de hora es para las estadisticas, pero no vale"etc, etc...

Por suerte un minuto despúes me rescata el enfermero y me mete para el despacho. Me picha, mientras me dice que lo que ocurre fuera es el pan de cada día.

Me despido de él, deseandole mucha suerte. Es un valiente. Abre la puerta, y me alejo, mientras de fondo escucho dos nombres más y una bronca descomunal , que supongo que empezaria con ¡¡Llevamos una hora esperando!!. Son las 12:36

En la calle, ya a salvo, imaginé columnas de humo saliendo del ambulatorio, como salían de los conventos en la Semana Trágica de Barcelona, mientras los abuelos encañonaban a los enfermeros del CAP, diciendo ¡¡el CAP ya es nuestro!! y izando una foto de Belen Esteban en mastil.

No quiero ni pensar las burradas que se podían haber escuchado , si nuestro protagonista, en vez de ser cuarenton de "buen ver" y catalanet, hubiera sido inmigrante...

Da miedo ir al ambulatorio.

3 comentarios:

Natalia dijo...

Toni, ellos eran los asustados y tú una amenaza (población activa), eras el extraño,el inhabitual, no les sonaba tu cara (no frecuentas a diario el ambulata)y el territorio hay que defenderlo. En la sala de espera hay que ver oir y callar y nunca, nunca se te ocurra decir a la hora que estás programado.Es un consejo y hablo por muchaaaaaaa experiencia.

Cristina dijo...

A mi, el que me da pena es el pobre enfermero. Fijo que le arrancaron la cabellera.

Sera por eso que aqui en el UK cuando vas al GP(CAP en Ingles) no se atreven a decir nada, ni siquiera les ves el pelo. Llegas, haces el checkin en una maquina y al cabo de un rato sale tu nombre en una pantalla invitandote a pasar...

Es un metodo algo mas seguro, pero no te libra de que te asalten los viejos para preguntarte que te pasa, para dar pie a su historia interminable de enfermedades. Y luego, para rematar, te hacen leer los informes, etc.

Menos mal que tengo mi tecnica para salir al paso. Acentuo mi acento, desconjugo los verbos y abandono la escena del crimen con un "I don´t know"...

Anónimo dijo...

A pesar del tufillo "gerontofóbico", es una de tus mejores entradas de hace tiempo. Supongo que me hace tanta gracia porque nos ha pasado a todos, no? O quizás es que cuando te pones académico-económico no te sigo tan fácilmente.

Fran